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¿Por qué Ortega le da la espalda a una Cuba en tinieblas?

2026-03-04 - 23:17

En los años 80, era impensable que un problema en La Habana no encontrara eco y recursos en Managua. Hoy, mientras Cuba atraviesa una de sus crisis energéticas y sociales más agudas de las últimas décadas, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha optado por una postura que oscila entre la indiferencia y el mutismo. ¿Qué pasó con la «solidaridad revolucionaria»? La respuesta corta es que el romanticismo ideológico ha sido aplastado por la cruda realidad financiera de un emporio familiar que hoy lucha por su propia supervivencia. Fidel, el “padrino” de Ortega Para entender la gravedad de este silencio, hay que rebobinar la cinta hasta julio de 1979. Apenas unos días después del triunfo de la Revolución Sandinista, Fidel Castro aterrizó en Nicaragua. No llegó con las manos vacías; trajo médicos, maestros y, sobre todo, el respaldo político que consolidó a un joven Daniel Ortega en el poder. Cuba se queda sin electricidad, incluida La Habana, por falla en la red Cuba fue, durante décadas, el faro y el principal apoyo logístico del FSLN. Sin embargo, en 2026, la «gratitud» parece haberse agotado en la frontera de los negocios personales. Durante su discurso en un acto público de conmemoración por la muerte de Fidel Castro en Cuba en 2016, Ortega contó que cuando el Huracán Juana destruyó Nicaragua y él estaba en el poder, Fidel envió a su hermano Raúl a ofrecer ayuda. “Raúl dijo en Managua, he venido para compartir el pan. Esa es la esencia, los valores, la ética, la moral de Fidel”, dijo Ortega, sin embargo, ahora él no ha respondido de la misma manera.  Ortega es lo que le conviene El análisis de la situación actual sugiere que el silencio de Ortega no es un descuido, sino una decisión pragmática y de supervivencia. Históricamente, Nicaragua ayudaba a Cuba triangulando el apoyo que recibía de Venezuela. Con la captura de Nicolás Maduro y el control estadounidense sobre el suministro petrolero de PDVSA, el flujo de crudo preferencial ha muerto. Ortega ya no tiene petróleo «regalado» para compartir. Cada barril que envíe a Cuba es un barril que tendría que comprar a precio de mercado, que ahora subió a 82 dólares, y que dejaría de vender en sus propias gasolineras en Nicaragua. Más bien, el economista Marco Aurelio Peña advirtió hoy que ante el cambio político motivado por Estados Unidos en Venezuela se pueden hasta llegar a adoptar “medidas de rendición de cuentas, sanciones, reestructuración o en el peor de los casos, disolución de Albanisa”, acabando con ese negocio de los Ortega. Negocio petrolero de Ortega en peligro con acciones de Trump Protegerse en momentos críticos El negocio de la familia Ortega-Murillo está directamente ligado a la importación y distribución de combustible. En un escenario de precios altos debido al conflicto en Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, el régimen está priorizando proteger sus márgenes de ganancia internos. Ayudar a Cuba significaría subsidiar a otro país con fondos que hoy la familia dictatorial considera vitales para mantener su propio aparato de seguridad y control en Nicaragua. A diferencia de 1979, el Daniel Ortega de hoy no es el guerrillero que decía buscar la transformación regional; es el administrador de un holding empresarial que utiliza el Estado como su principal activo. Para él, Cuba ya no es un socio estratégico que aporte capital, sino un «pariente pobre» cuya crisis podría arrastrarlo si se acerca demasiado. Pero además de eso, Ortega no quiere problemas con Estados Unidos. Por eso ha sido sumamente cauteloso con lo ocurrido a Maduro y su gran aliado el Ayatolá Alí Jameneí. Incumplir el decreto ejecutivo de Donald Trump que prohíbe el abastecimiento de petróleo a Cuba sería no menos que darse un tiro en los pies. Para el activista opositor juvenil Enrique Martínez cree que en el acutal «tablero, Daniel Ortega y Rosario Murillo no se mueven por romanticismo ideológico con Cuba, sino por cálculo frío de supervivencia». «Hoy Washington endurece su postura frente a actores que considere desestabilizadores. Ortega sabe que un paso así podría traducirse en más sanciones, más restricciones financieras y mayor aislamiento», señala Martínez.

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