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La salida definitiva de Rosario Murillo, una condición innegociable de EEUU

2026-03-20 - 20:23

En un giro pragmático forzado por el nuevo orden geopolítico en la región, el régimen de Daniel Ortega ha comenzado a «alinear fichas» con la administración de Donald Trump. Tras la estrepitosa caída de sus aliados en Venezuela y el debilitamiento terminal del sistema cubano, la pareja presidencial nicaragüense ha pasado de la retórica incendiaria a una cooperación silenciosa pero evidente con los Estados Unidos. La negociación tiene un precio: El factor Murillo A pesar de que El Carmen ha enviado emisarios de alto nivel —como Denis Moncada y Laureano Ortega— para establecer puentes con Washington, la Casa Blanca mantiene una condición innegociable sobre la mesa: la salida definitiva de Rosario Murillo.  Para la administración estadounidense, el modelo «copresidencial» instaurado por la familia Ortega-Murillo es un obstáculo insalvable para cualquier transición de acuerdo a declaraciones de fuentes recogidas por el medio digital Divergentes. La exigencia es clara, para que exista un acuerdo que evite una salida traumática o una intervención directa, la estructura de poder debe prescindir de la figura de Murillo, a quien se señala como el motor de la represión y la intransigencia política. Gestos de «buena conducta» El cambio de tono en Managua no es casual. Fuentes cercanas a la seguridad hemisférica confirman que el régimen ya está colaborando en áreas estratégicas para congraciarse con el Pentágono. Control migratorio: Se ha eliminado el visado libre para ciudadanos de diversos países, cerrando el grifo que servía de puente para la migración irregular hacia el norte. Cese de hostilidades verbales: Por orden directa, la maquinaria de propaganda oficialista ha silenciado sus ataques contra Trump, incluso llegando a encarcelar a agitadores internos que desafiaron la instrucción de no «provocar al gigante». Lucha contra el narcotráfico: Managua busca reactivar canales de cooperación en la contención de estupefacientes para presentarse como un socio útil en la región. Una dictadura en encrucijada La vulnerabilidad de Rosario Murillo es más evidente que nunca. Sin el respaldo de sus antiguos socios ideológicos y ante un Daniel Ortega cuya capacidad física es incierta, la codictadora se enfrenta a un escenario de aislamiento. Mientras tanto, Washington observa la fragmentación de la oposición nicaragüense y dicta directamente los términos de una negociación que busca estabilizar el istmo sin conceder oxígeno a la estructura dinástica. ¡Confirmado! Fidel Moreno es el segundo al mando después de Murillo El destino de la cúpula sandinista parece depender ahora de una decisión crítica: aceptar una transición controlada que sacrifique a su figura más visible o resistir bajo una presión estadounidense que ya demostró, en el caso venezolano, que no teme ejecutar medidas drásticas.

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